En la tarde de este día común, como todos los domingos... me senté en una de las bancas del atrio parroquial, me disponía a rezar vísperas y después leer un poco la novela que comencé hace unos días. Me había preparado un buen café, traía mis cigarros, todo estaba bien dispuesto para pasar una agradable tarde; pero esto no sucedió así.
Se acerco a mí un señor de edad avanzada que me pregunto que como sentía el clima, que donde trabajaba, que si vivía en el templo... y después se fue como llego, sin nada más que decir. Solamente me dejo pensando en el sentido de que tiene para mí la muerte. Y comencé a pensar y reflexionar cuantas veces he pensado en la muerte, válgame Dios, pensé cuantas veces he pensado en mi muerte.
No es que nunca lo haya hecho, el pensar como sería mi muerte, como moriría... acompañado quizás de mis seres amados a mi alrededor, con mi alma gemela animándome y diciendo cuanto me ama en ultimo día de mi existencia, quienes de mis familiares estarían con vida aun; y no es que yo quiera que mueran mis papas y hermanos, no, ese no es el punto... el punto es que yo siempre le he pedido al Creador que me deje vivir muchos años y morir de viejo. ¿Y realmente a que hijo le gustaría que sus padres le dieran sepultura?.
Si se me pudiera conceder un deseo, en esto de la muerte, seria que yo quiero enterrar a mis padres y si fuera posible a mis hermanos, porque no me gustaría verlos sufrir y llorar por mi muerte. Sé que es algo tonto pensar en estas cosas, pero que quieren ver, esto es el resultado de la filosofía y el leer muchas cosas...
En realidad no es de tontos pensar en la muerte, es de Vivos pensar el cómo se quiere morir; el que se quiere ganar con la vida para no ir con las manos vacías a enfrentar la verdad más tangible que tenemos los seres humanos... la muerte. Porque en realidad vivimos para morir, y morimos para vivir. Porque no podemos estar pensando que esta vida terrenal es la única, que con la muerte personal de cada uno se acaba la existencia de nuestro ser, que es un borrón de un ser mas en el universo.
Hoy en día algunos viven como si estuvieran muertos en vida, nada les parece bien, todo mundo es un asco para ellos y mejor viven la vida solo por vivir, sin tomar en sus manos su existencia; dejando que los lleven las corrientes de la muerte por caminos que no aprecian la vida terrena y mucho menos la vida eterna.
Y creo seriamente en aquel dicho... como vivas tu vida, así será tu muerte; porque nuestros excesos nos pueden acarrear muertes trágicas y dolorosas. Pensar que tenemos que dejar aquellos vicios que en nada nos sirven, hacer ejercicio para no morir de algún para cardiaco o enfermedad causada por nuestra vida sedentaria, dejar malas compañías que nos lavan el cerebro y nos arriesgan a situaciones de peligro de no solo perder la vida física, sino también de perder la vida eterna con Dios.
Realmente estar preparados espiritualmente para afrontar la muerte... haciendo un buen examen de conciencia y acudir al sacramento de la Reconciliación para recibir el perdón y la paz de Dios. Alimentándonos de la Eucaristía para pregustar un poquito de la vida eterna. Ganarnos el cielo con nuestras vidas, respondiendo al plan salvífico que Dios tiene trazado para nosotros. Haciendo la paz con el otro, pidiendo perdón por el daño que cometimos al prójimo y perdonando las ofensas que nos hicieron.
Porque para nosotros los creyentes la muerte no es un aniquilamiento de nuestro ser, sino la oportunidad de vivir en plenitud la vida que Dios tiene preparada para nosotros. Donde ya no habrá ni luto, ni llanto, ni necesidad de descansar, de dormir o de alimentarnos. Porque el contemplar a Dios nos bastara.
Oremos por nuestro fieles difuntos para que Dios les permita gozar de su presencia plenamente en el cielo y pidámosle al Señor de la Vida que nos haga consientes de que la vida terrenal no es para siempre, sino que, estamos llamados a morir para vivir, para vivir con él y para él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario